
Gonzalo Lanza, Director de Cuentas explica por qué, en ocasiones, rechazamos realizar algunas acciones.
Cuando acudes a una reunión o recibes una llamada no dejan de sorprenderte algunas peticiones o solicitudes que los clientes hacen. Desde querer que presentemos una propuesta creativa con su presupuesto cerrado en menos de un día para un evento de 3.000 personas, a “proponme un espectáculo de magia de cuatro horas de duración”... peticiones que por experiencia se escapan a toda lógica y que en el caso de realizarlas serían un rotundo fracaso para los objetivos del cliente. Escuchamos y analizamos atentamente la solicitud, intentamos comprender las necesidades del cliente, pero en ocasiones rechazamos realizarla aún a riesgo de perder una venta en un mundo tan competitivo como en el que nos encontramos.
Cuando acudes a una reunión o recibes una llamada no dejan de sorprenderte algunas peticiones o solicitudes que los clientes hacen. Desde querer que presentemos una propuesta creativa con su presupuesto cerrado en menos de un día para un evento de 3.000 personas, a “proponme un espectáculo de magia de cuatro horas de duración”... peticiones que por experiencia se escapan a toda lógica y que en el caso de realizarlas serían un rotundo fracaso para los objetivos del cliente. Escuchamos y analizamos atentamente la solicitud, intentamos comprender las necesidades del cliente, pero en ocasiones rechazamos realizarla aún a riesgo de perder una venta en un mundo tan competitivo como en el que nos encontramos.
Nosotros preferimos ser una opción de futuro para el cliente a desarrollar un mal trabajo en el presente. Nos gustan las relaciones de larga duración en las que nos podemos comprometer, acción a acción, en ofrecer soluciones eficientes de valor añadido que contribuyan a la satisfacción del cliente y que permitan un retorno de la inversión. Embarcarnos en desafíos, en retos profesionales que den sentido a lo que el cliente busca y que nos permitan estar satisfechos profesionalmente de nuestro trabajo. Si no es así no merece la pena. Por eso como he comentado, a veces es mejor decir NO.
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